jueves, 17 de mayo de 2012

El chico del mostrador

Imagínense un restaurante donde han armado una cadena para hacer una pizza.
- Tenemos al chico que aplasta la masa hasta convertirla en un disco y la tiene que poner en la banda caminadora. Para optimizar su trabajo, el ya tiene la masa en pequeñas porciones.
- Tenemos al encargado de ponerle la salsa, que toma una cantidad adecuada y la esparce encima de la masa. Él almacena la salsa en frascos en la refrigeradora y cuando está por terminarse un frasco abre otro y continúa con su labor.
- Tenemos al encargado de ponerle el queso a la pizza. El tiene el queso ya rayado en un recipiente y una vez que recibe la masa con salsa coge un poco de queso y lo esparce en la pizza.
- Tenemos al chico que se encarga de darle el saborcito a la pizza, de acuerdo al pedido. Él coloca el peperonni, el jamón, la piña, los champignones y otros adicionales.
- Tenemos al chico que recibe la pizza armada, lista para ponerla en el horno. Su tarea es ponerla en el horno a la temperatura adecuada y durante el tiempo correcto para que la pizza no se queme ni se quede un poco cruda.
- Finalmente hay un chico en el mostrador. Él recibe la pizza caliente y lista para ponerla en una caja y entregarla al cliente en el mostrador. 

El cliente recibe su pizza contento, porque el proceso ha sido diseñado de una manera ordenada, midiendo los tiempos y la cantidad de personas que se necesitan para hacerlo.

Sin embargo, la pizzería se empezó a hacer conocida y cada vez empezó a llegar más gente y más pedidos. Los encargados de cada proceso no se daban abasto para la rapidez con que tenían que entregar pizzas. Además, empezaron a haber fallas en las etapas del proceso. A veces el encargado de la masa no la aplanaba lo suficiente y al momento de hornearla el centro se quedaba crudo. Otras veces el encargado de la salsa no se daba cuenta y le ponía demasiada salsa y la pizza quedaba fea y goteaba liquido. También sucedía que el encargado de poner los adicionales se confundía y mezclaba la pizza con el durazno, el jamón con el peperoni y le ponía cosas que el cliente no había pedido. Finalmente, algunas veces el encargado del horno no ponía la temperatura adecuada y salían tandas de pizza o muy quemada o un poco cruda.
El chico del mostrador recibía estas pizzas mal hechas para ponerlas en las cajas y por más que trataba de retirar el liquido sobrante por el exceso de salsa, quitar los ingredientes que el cliente no había pedido o tapar las partes quemadas de la pizza con algún ingrediente, ya no podía hacer mucho. Los clientes abrían sus cajas y se enojaban al ver un trabajo mal hecho y todo el enojo se lo transmitían al chico del mostrador. Él trató de conversar con sus compañeros y hacer que entiendan lo que los clientes exigían pero la carga de trabajo y el desgano hacía que las cosas no mejoren. 
Pidieron al dueño de la tienda que contrate más personas para que cada parte del proceso se pueda hacer bien y las pizzas se entreguen en su punto ideal. Sin embargo la contratación de personal se está dando de manera muy lenta. Además, los chicos nuevos no tienen experiencia y al comienzo todo es peor, porque hacen todo mal, se aburren rápido y se van.

El chico del mostrador se siente triste y preocupado. Le tiene cariño a la pizzería y le gusta cuando las cosas salen bien, pero se enoja mucho y se frustra cuando él tiene que entregar un trabajo mal hecho por culpa del mal trabajo de otras personas. Además, tiene amigos en otras pizzerías y restaurantes que le cuentan que las cosas están bien, que les pagan más. En estos otros restaurantes además felicitan a los empleados y les hacen grandes eventos.


Hoy me siento como el chico del mostrador y no solamente hoy... 

miércoles, 25 de abril de 2012

¡¡¡Cómo has cambiado pelona!!!

Wow! Creo que ha pasado bastante tiempo desde la última vez que escribí en el blog. La verdad es que tengo un trabajo muy demandante que implica que esté todo el día delante de una computadora graficando, analizando, concluyendo, recomendando, coordinando. En resumen: renegando!
Entonces cuando tengo tiempo libre, mi cabeza vuela, pero no me provoca sentarme a escribir... Pero debo decir que las cosas han cambiado MUCHISIMO desde la última vez que escribí...
Mi autoestima ya está más gordita, mi tranquilidad está en su peso ideal, mi independencia hasta ya está un poco con sobrepreso y mis ganas de juerguear ya están en estado de obesidad!!
En todo este tiempo me doy cuenta que he ido pasando por varias etapas y que poco a poco me he ido sintiendo mejor.
Estar solo es algo a lo que la gente le tiene miedo. Lo han pintado como la peor tragedia que te puede pasar, pero no es cierto!
Estar solo te permite dedicarte a ti mismo, a lo que te gusta, a descubrirte... Te permite pensar lo que hiciste mal y meditar en no volverlo a hacer (pero EN SERIO)... Te permite meditar lo que no te gustó de la otra persona e interiorizar cuáles son las cosas que NO estás dispuesto a aceptar nuevamente...


Te permite perdonarte a ti misma...  Al menos eso es lo que me está pasando a mí... Poco a poco me estoy dando cuenta de las cosas que hice mal y estoy dejando de lapidarme por ellas...
Me he dado cuenta que los errores son muy útiles... Pero si no interiorizas las cosas, todo ese dolor será en vano, y lo peor será que es muy probable que te vuelva a pasar...


Acaso no es rico salir a divertirse sin decirle a nadie????? Estar sola implica salir a la hora que quieras, con quien quieras, cambiarte de sitio cuantas veces quieras la misma noche, vestirte como quieras (#bitchplease a todas nos gusta que nos miren) y no tener que coordinar con nadie. Todo esto no significa que te seas una mujer de mal vivir, se trata de salir a divertirse... En realidad, se trata de SENTIRSE LIBRE y eso no tiene precio...

Me doy cuenta lo necesario que era este tiempo... Y de lo mucho que lo estoy disfrutando :) 

Ya les contaré una por una mis anecdotas :)

Me pregunto si esto es un diario o si alguien por ahi cae y lo lee jajaja!