lunes, 26 de septiembre de 2016

Esas bombas de soledad

Ya pasaron 5 años desde que tuve una relación de pareja estable. Bueno, para ser justos en esos 5 años han habido:

  • Varios salientes (palabra tan horrenda, pero así le dicen ahora no?). Bueno, ni que fuera un monstruo no? Sí hay y han habido pretendientes
  • Dos enamorados... Pero fueron relaciones muy apresuradas, duraron unos pocos meses.
  • Un no-sé-cómo-llamarlo con quien tuve "algo" durante bastante tiempo, algo que se volvió bastante intenso, pero que era una relación bastante intermitente, donde nunca se llegó a definir qué eramos ni qué compromiso estábamos asumiendo (aunque yo me enamoré y hubiera estado dispuesta a intentarlo en serio) así que, legalmente hablando, durante ese "algo" seguía soltera. 

Luego de 5 años en los que he tenido tantas experiencias, encuentro que, como todo en la vida, esto tiene cosas malas y cosas buenas.

Empecemos por las buenas (que son bastante importantes!): Ahora valoro infinitamente mi libertad, mi tiempo, mis decisiones propias, mis logros (cosa que me costaba un poco más cuando tenía pareja). Me gusta muchísimo la persona en la que me he convertido, con convicciones claras, con una idea cada vez más clara del estilo de vida que llevo y quiero seguir llevando. Estar soltera tanto tiempo me ha permitido ahorrar, viajar mucho, conocer muchas personas, divertirme (algunas veces tanto, que al día siguiente no me acuerdo). He aprendido en este tiempo a estar cómoda conmigo misma, a sentirme cómoda con el silencio, a no tenerle tanto miedo a mis demonios internos. Porque, lo quiera o no, el tiempo a solas te obliga eventualmente a conocerlos, escucharlos y poco a poco enfrentarlos. O quizás es que yo me he obligado a hacerlo... En resumen, me siento muy orgullosa de valerme por mi misma.

La verdad es que los primeros 2 o hasta 3 años la soltería fue algo que elegí. NO QUERÍA asumir ningún compromiso con nadie, quería vivir, experimentar, ser libre. Verán... Yo me empecé a hacer adulta estando en una relación, estuve con un chico de los 17 a los 22 años. Fue un tiempo lindo, lleno de aprendizaje, con sus altas y bajas como cualquier relación. Pero cuando terminó lo único que yo quería era vivir intensamente esa soltería de juventud que no tuve. Digamos que a mi me pasó al revés: Primero tuve una relación larga y estable, y luego gocé la soltería (creo que a la mayoría le pasa al revés: Viven la vida loca y luego sientan cabeza). Simplemente le cerré la puerta con candado a la idea de empezar una relación seria y formal con alguien. Esa etapa, además de darme diversas vivencias, me ha ayudado a no juzgar a nadie por la cantidad de chicos con los que baila en una noche o por si alguien se besa o no con otra persona en la primera salida. Eso no te hace mejor ni peor persona sabes?

Y bueno, el tiempo fue pasando y los aprendizajes van llegando. Entonces, luego de la gozadera, me sentí tranquila y decidí quitar el candado de esa puerta que había tenido cerrada. No es que buscara activamente una pareja (se puede hacer eso?) pero simplemente esa puerta ya estaba abierta, ya no me negaba más a esa posibilidad.

Y es ahí en que llegamos a las cosas no tan buenas... Ya pasó un tiempo desde que estoy dispuesta a tirarme a la piscina si encuentro a la persona correcta y bueno... pues no la he encontrado. En verdad no puedo negar que tengo momentos en que la soledad me pesa, me pesa duro. Quisiera tener una persona a la cual mandarle besos o un "te extraño" durante el día para que sepa que pienso en él, quisiera tener a quien escribirle cuando algo no me está yendo tan bien, quisiera tener a quien buscar al final de un día muy matado de chamba para que con un abrazo y un beso me haga sentir mejor, quisiera no sentirme tan sola los domingos, cuando acaban todas las actividades de fin de semana, quisiera sentir que tengo a mi lado a alguien que comparte un poco mis expectativas de vida, con quien sienta que podemos construir algo bonito y a nuestro estilo.
Tengo momentos en que miro a mi alrededor y, si bien tengo amigas y amigos valiosísimos, me pregunto si yo estoy haciendo algo mal, si yo soy fea, si no soy agradable para los demás. A veces me pregunto si toda esa independencia y fortaleza que gané al estar sola espanta a los chicos que buscan a su princesa, si es que mi independencia y autonomía les asusta.

Porque sí pues, valgan verdades, yo no soy exactamente esa princesa delicada e indefensa que necesita alguien que la cuide porque es incapaz de hacer nada... Soy una princesa, pero soy una princesa guerrera, que cuando quiere algo va y lo consigue, que también tiene su propia fuerza. Yo no quiero alguien que me trate como una inútil, yo quiero alguien que mire en la misma dirección que yo y que sea mi compañero, alguien que me aliente a ser mejor cada día, alguien a quien admirar, pero que también sepa ver en mí esa delicadeza, esos temores que también están ahí y me abrace muy fuerte cuando quiera llorar.

Hay momentos en que la soledad me duele, como este fin de semana, en que sin motivo alguno las lágrimas se me salen de los ojos y provoca desaparecerse. Pero saben? Sería injusto y desleal a mi misma pretender retroceder y mostrarme como no soy... Estoy segura que ya llegará ese hombre un poco loco que estoy buscando, que encaje conmigo para empezar juntos nuestra propia aventura...

Que buen desahogo...