lunes, 9 de enero de 2017

Es acaso mucho pedir?

El día se nos va pasando en idas y venidas de audios porque la agenda es complicada, sabemos que vernos todos los días no es sencillo. Además, me encanta la libertad de espacio que nos damos, me encanta que te apasionen tantos temas y me encanta cuando te alegras por los que me apasionan a mí.
Los días en que coincidimos para almorzar juntos son de lo mejor, son como una pausa a las actividades, son como darme un gusto entre semana, son como tomarme una licencia momentánea del trabajo.

Algunas veces también cerramos el día juntos, salir a comer, salir a correr, ir al cine, cualquiera puede ser el plan, pero ambos deberíamos admitir que quedarnos chorreados viendo una película es de nuestros favoritos.

Hay viernes de juerga, con el cuerpo activado, la sed peligrosa que llega y las ganas de bailar hasta el amanecer. Me encanta bailar contigo, salir a divertirnos, reírnos sin parar, vacilar en mancha y hacer tonterías. Puede ser con tu grupo o mi grupo, aunque en verdad la vez en que mezclamos ambos grupos la pasamos súper bien. Al fin y al cabo, estar con alguien no significa que la diversión tenga que acabarse, más ahora que es verano y la rumba nos llama más que nunca.

Pero también hay viernes para los dos solos. Me encanta cuando cocinamos algo, nos tomamos un vino y conversamos por horas de horas antes de hacer el amor, me encanta cuando te tengo para mi sola, cada viernes para los dos es conocerte un poco más, es abrir mi corazón un poco más, es disfrutarnos y descubrirnos. Será que llegará el día en que ya sepamos absolutamente todo el uno del otro?? A veces quisiera que no, que siempre haya algún detalle que nos sorprenda.

Hay días para ti… Cuando te toca la infaltable pichanga semanal. Tú anda nomás, que yo me quedo leyendo un libro, aunque cuando quedamos con las chicas para ir también es divertido… Cuando tienes clases, cuando sales con los chicos, cuando tienes compromisos familiares a los que a veces prefieres ir solo.

Pero también hay días para mí… Cuando modero focus, cuando alguna amiga quiere conversar, cuando me toca verme con los chicos de la universidad o simplemente cuando estoy cansada como una viejita y quiero acostarme a las 9 de la noche.

Hay días malos que contigo terminan siendo buenos… Abrazarte y que me ayudes a pensar en otra cosa, que hablemos de cualquier tontería para que me distraiga. Aunque cuando te pasa a ti ya aprendí que prefieres estar solo…

Podernos contar todo, poder conversar de cualquier cosa, podernos reír hasta que nos duela la barriga, haber aprendido a tolerar y valorar las diferencias, ser capaces de decirnos las cosas a la cara. 
Pero lo más importante, simplemente disfrutar, disfrutar el ahora, disfrutar la grandeza de gozar de la otra persona, disfrutar la compañía... Por ahora, sin pensar en nada más... 


Es así como yo me lo imagino, es acaso mucho pedir?