sábado, 22 de julio de 2017

A veces es mejor despedirse y dejar descansar...

Hace 3 meses escribí un post en mi Facebook a raíz de que hubieron bastantes muertes a mi alrededor bastante rápido:

"Personalmente nunca me ha gustado referirme a la partida de alguien como "su pérdida" porque siento que eso le resta valor a quien esa persona fue en vida. Las personas dejan huella y eso nunca se pierde, así ya no estén físicamente.
Este primer trimestre de mi año la muerte ha sido un tema muy recurrente por la partida de muchas personas de una u otra forma cercanas a mi. 
Esto me hace pensar en la vida, en la fragilidad de la misma, en que la partida nos llegará en algún momento. 
Me hace pensar en la vida de cada una de estas personas y lo que han dejado y construido a su alrededor, porque estas personas viven en cada recuerdo y en cada lección que dejaron a su gente... 
Y finalmente me hace pensar en mi vida y en que hay que vivirla completa, con todo, mandarse, arriesgarse, gozarla, porque el día que te toca, ya no hay vuelta atrás.
Una vida plena es el mejor recuerdo que podemos dejarle a quienes nos aman..."



Estos fallecimientos me hicieron pensar en el legado que uno deja por la vida que vivió y las personas que uno va marcando. Sin embargo, el día de ayer en la noche falleció la abuelita de mi hermano, la suegra de mi papá. Muy aparte de eso, toda la semana pasada mi abuelita (mejor conocida como la mamama) estuvo internada en la clínica por una neumonía leve.

No he podido evitar comparar la situación de ambas...

Doña Lucy, la abuela de mi hermanito menor, era una señora que tuvo 3 hijos. De los 3, una vive en Estados Unidos. Tuvo 4 nietos, de los cuales dos viven también en Estados Unidos. Ella proviene de una familia bastante acomodada, ha vivido en el extranjero por el trabajo de su esposo. Fue una mujer muy preocupada por las apariencias, por siempre lucir bien. Con decirles que cada vez que nos veía a mi o a mi hermana su primer comentario era "has engordado" o "has bajado de peso" de acuerdo a cómo nos veía (no les miento, siempre era su PRIMER comentario).
Doña Lucy sufría de diabetes, pero le encantaba el dulce. Fumaba bastante, pero con los años el médico le dijo que debía dejarlo. Sus últimos 2 a 3 años de vida se le presentó demencia senil por lo que poco a poco nos íbamos dando cuenta que a veces estaba un poco perdida, no se daba cuenta de las cosas, de lo que sucedía o de dónde estaba.
Durante el último año la verdad recuerdo que sentía mucha pena cada vez que la veía, pues recuerdo llamadas de atención muy severas de parte de sus hijos, restricciones sin explicación de por medio en la alimentación y malas actitudes de parte de su esposo (cuya salud está también muy deteriorada por estos días).

Por otro lado, medito sobre la vida de mi mamama. Ella tiene 7 hijos, 20 nietos y 6 bisnietos. Ella también proviene de una familia bastante acomodada (su papá, mi bisabuelo, fue Viceministro de Hacienda) pero se casó con mi Tata, un hombre de gran corazón, pero de clase media. Mi abuela ha tenido una buena vida, quizá sin lujos excesivos y grandes viajes, pero una buena vida al fin y al cabo. Yo vivo con mi abuela desde hace casi 20 años por lo que, de entre todos los nietos, me siento mucho más unida a ella. Desde hace 10 años mi abuela no puede caminar y está en silla de ruedas por un problema que tuvo en la columna. Sin embargo, admiro su energía, sus ganas de vivir, cómo mantiene su vanidad. Mi abuela es una mujer muy optimista, que piensa que hay que plantarle la mejor sonrisa a las situaciones fortuitas que se nos presentan. A pesar de no poder caminar y a los achaques de la edad, mantiene una salud bastante estable. Es más, se nos enferma a veces por terca: Se toma su traguito, se pasa de chocolates o le da el aire en la calle y luego le da malestar. Pero es que así tenga casi 90 años la vida hay que gozarla no? Mi mamá y mis tías la tratan con bastante paciencia y amor y al final de todo, a pesar de ya no poder caminar y hacer sus cosas como toda su vida, mi abuela sigue siendo una mujer feliz.


No puedo evitar compararlo porque me hace pensar en cómo la vida es resultado de lo que uno hace y es, me hace pensar en las cosas a las que decidimos darle prioridad en la vida, me hace pensar en nuestra propia actitud frente a la idea de envejecer y finalmente, me hace pensar en la reciprocidad que (idealmente, sin que sea una obligación) hay entre padres e hijos.

También me hace pensar en que hay situaciones en las que una muerte, si bien no alegra, da tranquilidad. Creo que Doña Lucy ya no va a sufrir, más allá de dolores físicos, la indiferencia o ligera dejadez de quienes la pudieron rodear. Yo no soy quien para juzgar, yo no sé cómo seré con mi mamá el día que ella sea una viejita, solamente reflexiono sobre lo que observo.

Finalmente, me acordé de esta frase que me pasó una amiga:
"No hemos de preocuparnos de vivir largos años, sino vivirlos satisfactoriamente; porque vivir largo tiempo depende del destino, vivir satisfactoriamente de tu alma. La vida es larga si es plena; y se hace plena cuando el alma recupera su bien propio y ha transferido a sí el dominio de sí misma"

Descanse en paz Doña Lucy. Estoy segura que desde donde esté velará por su esposo y sus hijos.