Toda la situación que viene sonando respecto a la infidelidad de
Gallese a su esposa han generado un sinfín de comentarios en las redes,
diversas opiniones y conversaciones entre mis grupos de amigos.
Y más allá de la opinión sobre si la esposa lo deba o no perdonar
(lo cual es algo tan íntimo) me hace pensar un poco acerca de la infidelidad en
si...
Para empezar nunca he sido infiel y nunca he sido parte de una
infidelidad (al menos no que yo sepa). Sin embargo, sí algún enamorado me ha
sido infiel y conozco ese dolor.
Con lo años cada vez creo más en la frase "el amor es una
decisión". No todos los días uno está de buen humor, no todos los días uno
está todo querendón, no todos los días la otra persona está linda y de buen
humor, con el paso del tiempo la ilusión y las mariposas del inicio van
desapareciendo. Es ahí que el amor (si bien está el componente de la química
que se tiene) se vuelve una decisión constante: Elijo seguir construyendo cada
día, te elijo diariamente.
Un amor bonito a lo largo de los años no nace por arte de magia...
Cuando pienso en una infidelidad...
Antes, aclararé algo... No estoy hablando de un beso en una
discoteca, no estoy hablando de un impulso MUY DEL MOMENTO que fue difícil
controlar en la ebriedad. NO. Claramente no me gustaría que me hagan eso, pero
yo considero que esa sí es una situación que se podría considerar un error, un
pequeño desliz, algo que uno no logró controlar.
Ese tipo de momentos, además, son una oportunidad para ver la
reacción. O sea, ok, le das un beso a alguien, ¿qué haces luego? ¿seguir el
juego? ¿o reaccionas y dices "la estoy cagando" y te alejas?
Eso, PARA MI, sí podría ser un error.
Ahora sí, cuando pienso en una infidelidad, solamente puedo pensar
en el TERRIBLE quiebre de la confianza que genera enterarse de algo así. Una
infidelidad que implicó un coqueteo por un tiempo prolongado, primeros
encuentros a escondidas, acuerdos para verse que SIN DUDA se lograron con
alguna mentira, llegar a casa pretendiendo que todo está bien y que no ha
pasado nada.
Así como construir el amor es una decisión, llegar con alguien que
no es tu pareja/novi@/espos@/enamorad@ a un hotel a tener sexo no es un error,
no es un desliz, ES UNA DECISIÓN TAMBIÉN. En ese proceso hubieron miles de
momentos para reaccionar, para decir “NO, LA ESTOY CAGANDO”.
Quienes no han vivido algo así no tienen idea de cómo duele enterarte
(porque tarde o temprano, eso se llega a saber), del daño que esto puede hacer
al autoestima, sobre todo cuando un@ cree ilusamente que todo está bien en la
relación. Por muuuuucho trabajo interno que uno haga, estas cosas lastiman de
forma MUY profunda, te generan muchos cuestionamientos sobre cómo luces y qué
tan amad@ eres y fuiste.
No juzgo a quienes perdonan esto (hasta l@s admiro en realidad,
llegar a sobreponerse y recuperar la confianza) y sé de personas que lo han
hecho y luego han tenido un arrepentimiento REAL y se han esmerado por volver a
ganarse la confianza de su parej@. Pero yo personalmente, no sé si lograría
volver a confiar… Simplemente no lo sé.
Y por otro lado, en toda esta reflexión, viene a mi mente… ¿por
qué llega a darse? ¿qué le está pasando a quién es infiel para llegar a ese
punto? ¿se podía evitar? ¿cómo?
Entonces, ¿qué pasó? ¿no era feliz en su relación? ¿no estaba
satisfech@ sexualmente? ¿le emocionó vivir lo prohibido? Yo soy de la idea de
que una infidelidad es signo de que las cosas no están bien.
(Me refiero a parejas serias, estables, que luego de un buen
tiempo de vivir felices en un acuerdo mutuo de monogamia sacan los pies del
plato, no a personas pendejitas que tienen por costumbre jugar a doble cachete).
Por eso, aunque suene al máximo cliché, creo firmemente que la
comunicación es BÁSICA en una pareja, comunicarse sobre todo tipo de temas,
deseos e incomodidades. Nunca demos nada por sentado, si queremos una relación
de ensueño, hay un trabajo por hacer para tenerla, pasar por las conversaciones
difíciles, sobreponernos a las pequeñas fallas.
¿Queremos vivir en una relación tibia?
Todo lo que más vale la pena en esta vida, lo que nos satisface y
alegra hasta las lágrimas, es lo que implicó mayor esfuerzo, dolor y salidas de
nuestra zona de confort.