jueves, 22 de agosto de 2019

Lo rápido que puede cambiar tu vida...

Hace varios días ando con una idea en la cabeza: La vida puede dar un giro muy repentino de la nada.
Tengo una amiga que está de viaje en Indonesia y sube muchas fotos e, inevitablemente, sus fotos me hacen recordar a mis días de viaje por esos lares, a los lugares que conocí, las sensaciones que experimenté y las personas con las que hablé... tanto allá cara a cara, como personas que me acompañaron virtualmente.
Entonces pensaba como un año uno puede estar en una situación y solo un año después estar en una TOTALMENTE diferente, ya sea emocional, laboral o económica.
Quizá no me estoy dejando entender...
Mi fin de año 2017 fue bastante feo (emocionalmente hablando). Se hacía evidente el final de una especie de relación en la que estaba en la que puse (aunque decía que no y pretendía estar en control) mis ilusiones. Recibí las 12 con esa sensación tan fea de saber que algo se ha acabado, aunque ninguno de los dos lo haya dicho. Su falta de interés e involucramiento eran evidentes y si algo había aprendido era que ese no era el tipo de amor o relación que yo me merecía.
Dentro de los primeros días del 2018 le puse fin a ese cuento y, aunque estaba totalmente decidida, me dolió mucho. Creo que en ese momento logré actuar de manera racional, sabía que esa situación me iba a hacer daño y, aunque doliera, era mejor alejarme.
Y así lo hice, y dolió. Aunque yo seguía haciendo mi vida y mis cosas me costó un tiempo recomponerme. Esa situación volvió a sembrar en mi cabeza temores e inseguridades:
¿siempre voy a estar sola? ¿nunca nadie me va a tomar en serio? ¿qué es lo que hago mal? ¿por qué estoy por cumplir 30 años y no tengo una pareja estable? ¿soy yo el problema? ¿será que soy muy demandante y no me doy cuenta?
Me enfoqué durante el 2018 en mi, en mis proyectos y en amarme a mi misma. Empecé a convivir con la idea de que quizá pasaría aún muuuuuuuucho tiempo hasta que llegue un verdadero compañero; y me empecé a llevar bien con esa idea, la empecé a aceptar. Trabajé mucho en mi para sentirme bien conmigo misma, para estar en paz con mi soledad. Me enfoqué en entrenar, en cuidarme, en el trabajo que amo (la investigación) y en el pasatiempo que me divierte (el stand up).
Decidí viajar, viajar lo más que pudiese. Viajar relaja, abre la mente, da nuevos horizontes, y también te permite tiempos de desconexión y reflexión.
Cuando se iba acercando el final del 2018 la situación era totalmente distinta: Me sentía bien conmigo misma, segura y satisfecha y en paz con mi vida y con lo que era. Creo que eso es lo más importante: ME SENTÍA EN PAZ.
Para seguir con la decisión de viajar lo más que pudiese, decidí regalarme por mis 30 años un viaje al Sudeste asiático, así que el 25 de diciembre del 2018, junto con una gran amiga, chapé un avión hacia Tailandia (bueno, en realidad primero a México, luego a Estados Unidos, luego a China y ya luego recién a Tailandia, pero esa es otra historia) sin tener la menor idea a quién conocería al otro lado del mundo.
Empezando mis 40 días de viaje, por casualidades que la vida tiene (que luego sientes que no son tan casualidades, sino que estaban destinadas a ser), conocí a un chico por allá. Un chico de Lima, amigo de mi amiga, lo conocí allá, a 19,000 km de distancia, cuando en Lima vivíamos a 5 minutos en auto, cuando habíamos vivido tan cerca toda la vida y habíamos frecuentado los mismos lugares.
Saben? Yo no fui de viaje buscando la "historia de novela", yo estaba en paz con la idea de estar sola, estaba tranquila, abierta a las posibilidades, sí, pero no andaba "en búsqueda".
Y así llegó...
Empecé el 2019 al otro lado del mundo, feliz de la vida viajando y TOTALMENTE alucinada del nivel de conexión que se generó con este chico. Les juro que por momentos me preguntaba si era real.
Hoy, que ya pasamos la mitad del 2019, escribo esto desde mi nueva casa. La casa donde vivo con él, la casa que ahora siento mi hogar, con nuestras dos gatitas. Muy feliz, muy ilusionada y hasta el día de hoy sumamente sorprendida y agradecida con la vida de cómo se dieron las cosas y como él y yo nos encontramos en el momento menos esperado, pero en el momento en que se sintió correcto.
Vuelvo a repasar todo lo que ha pasado en un año y medio y nuevamente regresa a mi la idea con la que empecé: La vida puede dar un giro muy repentino de la nada.

2 comentarios:

  1. que hermoso fabi, en aprender a disfrutar (y agradecer) esos giros repentinos, está la clave de la vida... al menos eso creo yo. disfruta de ese amor bonito, te lo mereces!!!

    ResponderEliminar
  2. Pense siempre asi,quedarme sola?? Y si cambia tu vida de manera inesperada, tu narracion, me inunda de ilusion, la compartes,y pada mas a menudo que de lo creemos. Suerte y adelante ah los gatunos son un regalo divino

    ResponderEliminar