Había llegado el viernes, día que esperaba con tantas ansias porque lo iba a ver. Yo tenía bastante trabajo ese día, lo cual me pareció una bendición porque el día se me pasó volando. A las 4 de la tarde me escribió:
"Se me ha complicado la tarde, tengo ensayo de 6 a 10 pm"
Yo tenía una mezcla de cólera y tristeza en el pecho, pero rápidamente llegó otro mensaje:
"Pero no podríamos vernos más tarde, saliendo de mi ensayo?"
La sonrisa regresó a mi cara y me dije "eso es su trabajo, habrá que entender".
¿Qué más complicaciones tenía que hacerme? ¿Acaso valía la pena enojarme o deprimirme por ese detalle? Yo creería que no, pues nada es estable o formal entre los dos...
Llegué a mi casa, tomé una larga y reparadora siesta (el temblor de la noche anterior no me había dejado dormir bien), me arreglé un poco el pelo, me maquillé lo mínimo y me puse su perfume favorito.
Lo primero que hice al salir de casa fue prender varios cigarros, pues con él sé que no voy a poder fumar; o en todo caso prefiero no hacerlo porque sé que no le gusta.
Fui a una tienda para comprar un vino para compartir con él. ¿Cuál elegir? era la pregunta... A mi me encanta el syrah, pero no siempre es el más comercial. No soy la más sabionda en temas de vino, pero encontré un cabernet sauvignon de procedencia argentina que me pareció bastante pintón, así que lo compré.
Manejé a su departamento despacio, no habían apuros, así que simplemente me relajé, contenta de que por fin nos íbamos a ver.
De pronto recibí un mensaje en que me avisaba que ya había llegado a su departamento y para ir haciendo tiempo y no llegar como una desesperadita me di varias vueltas para buscar un buen lugar donde estacionar mi auto.
Estaba bastante relajada, pero al bajar del auto me di cuenta de cierta agitación en el pecho, de la que sientes cuando vas a ver a alguien que te gusta, cuando vas a hablar en público ante mucha gente. Era ese que sentía antes de salir a bailar en una actuación cuando todavía estaba en el colegio.
Al llegar a la puerta del edificio él, como siempre, bajó a recibirme y me abrazó. ¡Que abrazo tan cálido! Él da esos abrazos que te van componiendo cualquier cosa que tengas malograda adentro.
Ya en su departamento, me volvió a abrazar fuerte, muy fuerte y por largo rato. Le daba gusto vernos de nuevo.
Antes de empezar a conversar para ponernos al día, abrimos el vino y compramos algunas cositas de picar, pues ya eran más de las 11 de la noche y ninguno de los dos había cenado.
Primer brindis mirándose a los ojos (con él, eso es una ley) y empezamos a conversar, había tanto por hablar: De mi largo viaje a Europa, de su viaje a Francia, de su viaje a Bogotá, de conciertos a los que habíamos asistido y de cómo nos había tratado la vida pero, sobretodo, de cómo le habíamos respondido a la vida.
Si hay algo de él que me hace sentir en las nubes es su sonrisa... Que sonrisa tan contagiosa! Cuando le estás contando algo, te mira muy muy fijamente, como si nada más existiera, mientras sonríe.
Se unió un tercer acompañante: Jazz. Siempre que voy me recibe muy amoroso, nunca me ladra, solamente empieza a olerme y da la impresión que se siente a gusto conmigo.
Fuimos a su cuarto para ver las fotos de mi viaje, que estaban en el Facebook. Nunca sé si esos cambios de lugar son fluyendo, o si son estratégicos, pero la verdad no me importa: En la cama de su cuarto es donde quiero terminar.
Ya estando ahí, nos pusimos más cómodos. Me saqué los zapatos y la chompa y él se sacó el saco y puso música. Le pedí que sea Drexler, por el reciente concierto que me había perdido... Y así de fácil ya estábamos inmersos en un nuevo tema de conversación: Lo mucho que nos gustaba Drexler, las veces que lo habíamos ido a ver, la calidad en su performance en cada concierto.
Brindamos una, dos, tres veces más, en verdad perdí la cuenta.
Mientras hablábamos y seguíamos viendo las fotos, me tomaba de la mano o posaba su mano sobre mi rodilla o mi cadera. Qué comoda se está con él...
Por ratos yo le daba un beso, simplemente cuando me provocaba.
Cuando ya habíamos tomado bastante vino y estábamos acabando de ver las fotos (que en total deben ser fácil como 400 jaja) los besos ya no pararon, ni las manos, ni los abrazos.
Más allá del aspecto físico, si hay algo que me puede encender de un hombre es que te sepa abrazar, que te abrace con fuerza, con masculinidad, que sus manos no duden al recorrerte, que quiera explorar cada parte de tu cuerpo... Se trata de entregarse y no de hacer las cosas por cumplir, y eso es algo que él claramente sabe.
Tiene una mezcla de fuerza y calidez a la vez, es tierno pero súper masculino a la vez. Me vuelve loca! Lo cual nos puso las cosas difíciles y se preguntarán por qué... Teníamos que tratar de no hacer bulla porque su roomate andaba rondando por ahí... En realidad creo que fallé bastante en esa consigna... Lo notaba cuando él me decía discretamente que seamos silenciosos, pero me miraba con una mezcla de risa, ternura y deseo a la vez, y me daba muchos besos.
No dormí muy bien, pero no por una mala experiencia, sino porque ya no estoy acostumbrada a dormir acompañada... Pero debo decir que con él se da una confianza más allá de la que he logrado con otros y eso me gusta. Por momentos en la madrugada nos hemos despertado para volvernos a abrazar, beso en la frente y a seguir durmiendo.
A las 8.30 am cuando ya era hora de levantarse, ya no eramos dos sobre la cama, sino 3. Jazz estaba desesperado por que lo saquen a pasear, así que se echó entre nosotros el muy comodón y se movía por ratos como diciendo "a ver si se despiertan".
La parte final siempre es la que menos me agrada, bajar como un zombie sin haber despertado del todo, las sonrisas, los besos...
Y cuando el motor de mi carro se prende es como la campana de que, por esta vez, se acabó...
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