viernes, 22 de diciembre de 2017

Desaprender para avanzar...

En el 2011 terminé una relación que había durado 5 años y 8 meses. Considerando que esa relación empezó cuando yo tenía 16 años, sin duda alguna puedo decir que fue importante para mí. Aprendí a abrir mi corazón, aprendí a hacer planes de a dos, aprendí a compartir otro tipo de experiencias. Pero hacia el final de la relación aprendí el dolor: De que te engañen, de sentirte decepcionada, de sentirte no valorada. Por primera vez en mi vida sentí el miedo más profundo que recordaba: Miedo a volverme a sentir lastimada.
Algo se quedó adolorido en mí y desde entonces “aprendí” (bueno, es una forma de decirlo) a ser hermética, aprendí a huir cuando empezaba a encariñarme, para protegerme.
“Aprendí” que ser vulnerable no me iba a llevar hacia ningún lado, sino que solamente le iba a permitir a otros hacerme daño… Así lo hice en el trabajo, y me funcionó: He crecido a punta de esfuerzo y perfeccionismo, de mostrarme dura y capaz… Así y sacándome la mierda en mi trabajo, me he ganado un buen lugar como consultora en una empresa importante de investigación.
Con eso validé que lo “aprendido” servía y… Pues mejor lo usaba en todos los ámbitos de mi vida para poder seguir avanzando.
Y es que… ¿a quién podríamos culpar por ocultar su vulnerabilidad? Nos enseñan desde niños que ESTÁ MAL mostrar tu debilidad, que llorar es algo malo que debemos ocultar, que la tristeza o el enojo son sentimientos NEGATIVOS, que si muestras tus sentimientos eres una ñoña, que si te duele, pues te sobas y continúas, que no puedes estar eternamente lloriqueando y que no hay tiempo para tonterías… Lo aprendí y así lo hice…
Desde que terminó esa relación han pasado 6 años y medio en los cuales no he vuelto a estar con nadie (dos enamorados de 2 meses cada uno en el 2012 y en el 2015, la verdad, no cuentan). Sin embargo, sí la he cagado y sí me han cagado. He vuelto a sentir dolor, me han lastimado y probablemente he lastimado sin querer. He sentido miedo y optimismo, tristeza y alegría…
En todo este tiempo conmigo misma me di cuenta que era imposible apagar toda la maraña de pensamientos y sentimientos que soy. Encerrarme en una caja de fierro y negar mi vulnerabilidad no me iba a llevar a ningún lado. No en el ámbito sentimental (y no solamente hablo de parejas, hablo de sentimientos en general).
Me di cuenta que estaba presa de mi misma y la única que salía perdiendo era yo. Me di cuenta que no podía hacer pagar a otros por el dolor que me había causado una persona, era como hacerlos pagar un castigo por algo que no habían cometido y, peor aún, castigarme a mí al quitarme la posibilidad de tener nuevas experiencias y conocer nuevas personas.
Fue así que volver a estar jodida para “desaprender” mi regla de no volver a confiar más, de no volverme a mostrar vulnerable.
He tenido que “desaprender” esas asociaciones negativas que hay con sentimientos como la tristeza, el miedo y el enojo, para atreverme a sentirlos de verdad y permitirles que me enseñen lo que me toque aprender.
Es imposible pretender que nunca más alguien volverá a hacer algo que pueda causarme dolor, pero negarme a sentir y a experimentar es causarme dolor yo misma. Al final de la partida, no hay mayor tranquilidad que la de haber dado todo de uno.
Y es que el camino es así, nos vamos transformando, vamos viviendo y vamos aprendiendo; tomando lo que sirve y desechando lo que no nos suma…

Vida que le dicen, no?

sábado, 22 de julio de 2017

A veces es mejor despedirse y dejar descansar...

Hace 3 meses escribí un post en mi Facebook a raíz de que hubieron bastantes muertes a mi alrededor bastante rápido:

"Personalmente nunca me ha gustado referirme a la partida de alguien como "su pérdida" porque siento que eso le resta valor a quien esa persona fue en vida. Las personas dejan huella y eso nunca se pierde, así ya no estén físicamente.
Este primer trimestre de mi año la muerte ha sido un tema muy recurrente por la partida de muchas personas de una u otra forma cercanas a mi. 
Esto me hace pensar en la vida, en la fragilidad de la misma, en que la partida nos llegará en algún momento. 
Me hace pensar en la vida de cada una de estas personas y lo que han dejado y construido a su alrededor, porque estas personas viven en cada recuerdo y en cada lección que dejaron a su gente... 
Y finalmente me hace pensar en mi vida y en que hay que vivirla completa, con todo, mandarse, arriesgarse, gozarla, porque el día que te toca, ya no hay vuelta atrás.
Una vida plena es el mejor recuerdo que podemos dejarle a quienes nos aman..."



Estos fallecimientos me hicieron pensar en el legado que uno deja por la vida que vivió y las personas que uno va marcando. Sin embargo, el día de ayer en la noche falleció la abuelita de mi hermano, la suegra de mi papá. Muy aparte de eso, toda la semana pasada mi abuelita (mejor conocida como la mamama) estuvo internada en la clínica por una neumonía leve.

No he podido evitar comparar la situación de ambas...

Doña Lucy, la abuela de mi hermanito menor, era una señora que tuvo 3 hijos. De los 3, una vive en Estados Unidos. Tuvo 4 nietos, de los cuales dos viven también en Estados Unidos. Ella proviene de una familia bastante acomodada, ha vivido en el extranjero por el trabajo de su esposo. Fue una mujer muy preocupada por las apariencias, por siempre lucir bien. Con decirles que cada vez que nos veía a mi o a mi hermana su primer comentario era "has engordado" o "has bajado de peso" de acuerdo a cómo nos veía (no les miento, siempre era su PRIMER comentario).
Doña Lucy sufría de diabetes, pero le encantaba el dulce. Fumaba bastante, pero con los años el médico le dijo que debía dejarlo. Sus últimos 2 a 3 años de vida se le presentó demencia senil por lo que poco a poco nos íbamos dando cuenta que a veces estaba un poco perdida, no se daba cuenta de las cosas, de lo que sucedía o de dónde estaba.
Durante el último año la verdad recuerdo que sentía mucha pena cada vez que la veía, pues recuerdo llamadas de atención muy severas de parte de sus hijos, restricciones sin explicación de por medio en la alimentación y malas actitudes de parte de su esposo (cuya salud está también muy deteriorada por estos días).

Por otro lado, medito sobre la vida de mi mamama. Ella tiene 7 hijos, 20 nietos y 6 bisnietos. Ella también proviene de una familia bastante acomodada (su papá, mi bisabuelo, fue Viceministro de Hacienda) pero se casó con mi Tata, un hombre de gran corazón, pero de clase media. Mi abuela ha tenido una buena vida, quizá sin lujos excesivos y grandes viajes, pero una buena vida al fin y al cabo. Yo vivo con mi abuela desde hace casi 20 años por lo que, de entre todos los nietos, me siento mucho más unida a ella. Desde hace 10 años mi abuela no puede caminar y está en silla de ruedas por un problema que tuvo en la columna. Sin embargo, admiro su energía, sus ganas de vivir, cómo mantiene su vanidad. Mi abuela es una mujer muy optimista, que piensa que hay que plantarle la mejor sonrisa a las situaciones fortuitas que se nos presentan. A pesar de no poder caminar y a los achaques de la edad, mantiene una salud bastante estable. Es más, se nos enferma a veces por terca: Se toma su traguito, se pasa de chocolates o le da el aire en la calle y luego le da malestar. Pero es que así tenga casi 90 años la vida hay que gozarla no? Mi mamá y mis tías la tratan con bastante paciencia y amor y al final de todo, a pesar de ya no poder caminar y hacer sus cosas como toda su vida, mi abuela sigue siendo una mujer feliz.


No puedo evitar compararlo porque me hace pensar en cómo la vida es resultado de lo que uno hace y es, me hace pensar en las cosas a las que decidimos darle prioridad en la vida, me hace pensar en nuestra propia actitud frente a la idea de envejecer y finalmente, me hace pensar en la reciprocidad que (idealmente, sin que sea una obligación) hay entre padres e hijos.

También me hace pensar en que hay situaciones en las que una muerte, si bien no alegra, da tranquilidad. Creo que Doña Lucy ya no va a sufrir, más allá de dolores físicos, la indiferencia o ligera dejadez de quienes la pudieron rodear. Yo no soy quien para juzgar, yo no sé cómo seré con mi mamá el día que ella sea una viejita, solamente reflexiono sobre lo que observo.

Finalmente, me acordé de esta frase que me pasó una amiga:
"No hemos de preocuparnos de vivir largos años, sino vivirlos satisfactoriamente; porque vivir largo tiempo depende del destino, vivir satisfactoriamente de tu alma. La vida es larga si es plena; y se hace plena cuando el alma recupera su bien propio y ha transferido a sí el dominio de sí misma"

Descanse en paz Doña Lucy. Estoy segura que desde donde esté velará por su esposo y sus hijos.


domingo, 18 de junio de 2017

Y es que finalmente te dio la vida...

Acabo de regresar a mi casa de nuestro pequeño festejo para papá por el día del padre. Nos juntamos a desayunar mi hermana, mi hermanito menor, mi papá y yo. Le preparamos pan con pejerrey arrebozado (como buenos chalacos), compramos tamal, su jugazo de papaya y café recién pasado.
Algo pequeño, simple, pero rico y bonito.

Mis papás se separaron cuando yo tenía alrededor de 4 años, por lo que no tengo muchos recuerdos de cuando vivíamos los 4 en casa... Sin embargo, sí recuerdo claramente a mi papá totalmente presente durante mi infancia:

Recuerdo que iba entre semana a la casa y veíamos Dinosaurios, mientras comíamos las hojas de la alcachofa una por una.

Recuerdo que íbamos a su casa y veía cómo mi nona preparaba milanesas ella misma.

Recuerdo que nos íbamos a pasar el día al Silencio y que nos metíamos al mar muy al fondo. Recuerdo sentir miedo pero recuerdo también que él me cargaba o me daba la mano para que no me pase nada.

Recuerdo su carita recontra feliz cuando iba a vernos a todas las actuaciones al colegio.

No recuerdo ni un solo cumpleaños mío en que no haya estado. Él siempre era el encargado de la torta y el helado.

Hoy tengo 28 años y mi papá ya tiene 58... Tengo muchas cosas de él pues, la genética es imperdonable, pero la verdad es que en muchas cosas somos muy diferentes. Con los años uno va formando su propio carácter, desarrollando sus propias convicciones y va creando poco a poco la vida que uno desea tener...
Te vas dando cuenta que tu papá no es el super héroe que creías, descubres algunos errores que pudo haber cometido en su vida, notas que tiene hábitos que te molestan o ideas que no van con las propias que has ido formando a lo largo de tu PROPIA vida.
Y acaso eso significa que te vas a decepcionar de él? Pues en mi caso no...

La verdad es que yo vivo orgullosa de mi relación con mi papá... He aprendido a valorar las cosas buenas de él, a no ser tan dura con algún error que (yo creo) pueda estar cometiendo... A entender que no es que me juzgue o me quiera cambiar, sino que simplemente me asesora y me aconseja desde sus ideas, desde el esquema mental que él tiene...
Pero la verdad, lo que más valoro de mi papá es que, a sus 58 años, con el carácter que tiene y la mentalidad un poco cerrada que maneja, ha aprendido a salirse de sus moldes mentales ya de viejo, principalmente por sus hijas...

Ha aprendido que tener un tatuaje no te define como persona (o sea, yo tengo 5, creo que ya se dio cuenta! jaja!)
Ha aprendido que el hecho de que su hija trabaje como freelance no significa que sea una muerta de hambre
Ha aprendido que un sueldo fijo no compra tu felicidad y tu tranquilidad (y eso lo ha tenido que aprender a la mala)
Ha aprendido que el divorcio de mi hermana no fue "repetir el mismo error"
Ha aprendido que nunca es tarde para plantearse una nueva meta y un nuevo reto
Ha aprendido a no vivir quejándose de las cosas

Finalmente lo que mi viejo ha aprendido es que su verdad no tiene que ser la verdad de todos...

Aunque probablemente nunca vas a leer esto, creo que me he encargado de hacerte saber lo orgullosa que vivo de ti, de las manías que he heredado de ti, del amor incondicional que nos tienes, de la preocupación constante y dedicación que tienes por tus hijos...

Gracias vida por darme un papá tan genial y gracias golpazos y errores, por enseñarme que yo tampoco soy mejor que él... Somos dos personas diferentes, pero finalmente, es él quien me dio la vida y eso nada lo va a cambiar :)

lunes, 9 de enero de 2017

Es acaso mucho pedir?

El día se nos va pasando en idas y venidas de audios porque la agenda es complicada, sabemos que vernos todos los días no es sencillo. Además, me encanta la libertad de espacio que nos damos, me encanta que te apasionen tantos temas y me encanta cuando te alegras por los que me apasionan a mí.
Los días en que coincidimos para almorzar juntos son de lo mejor, son como una pausa a las actividades, son como darme un gusto entre semana, son como tomarme una licencia momentánea del trabajo.

Algunas veces también cerramos el día juntos, salir a comer, salir a correr, ir al cine, cualquiera puede ser el plan, pero ambos deberíamos admitir que quedarnos chorreados viendo una película es de nuestros favoritos.

Hay viernes de juerga, con el cuerpo activado, la sed peligrosa que llega y las ganas de bailar hasta el amanecer. Me encanta bailar contigo, salir a divertirnos, reírnos sin parar, vacilar en mancha y hacer tonterías. Puede ser con tu grupo o mi grupo, aunque en verdad la vez en que mezclamos ambos grupos la pasamos súper bien. Al fin y al cabo, estar con alguien no significa que la diversión tenga que acabarse, más ahora que es verano y la rumba nos llama más que nunca.

Pero también hay viernes para los dos solos. Me encanta cuando cocinamos algo, nos tomamos un vino y conversamos por horas de horas antes de hacer el amor, me encanta cuando te tengo para mi sola, cada viernes para los dos es conocerte un poco más, es abrir mi corazón un poco más, es disfrutarnos y descubrirnos. Será que llegará el día en que ya sepamos absolutamente todo el uno del otro?? A veces quisiera que no, que siempre haya algún detalle que nos sorprenda.

Hay días para ti… Cuando te toca la infaltable pichanga semanal. Tú anda nomás, que yo me quedo leyendo un libro, aunque cuando quedamos con las chicas para ir también es divertido… Cuando tienes clases, cuando sales con los chicos, cuando tienes compromisos familiares a los que a veces prefieres ir solo.

Pero también hay días para mí… Cuando modero focus, cuando alguna amiga quiere conversar, cuando me toca verme con los chicos de la universidad o simplemente cuando estoy cansada como una viejita y quiero acostarme a las 9 de la noche.

Hay días malos que contigo terminan siendo buenos… Abrazarte y que me ayudes a pensar en otra cosa, que hablemos de cualquier tontería para que me distraiga. Aunque cuando te pasa a ti ya aprendí que prefieres estar solo…

Podernos contar todo, poder conversar de cualquier cosa, podernos reír hasta que nos duela la barriga, haber aprendido a tolerar y valorar las diferencias, ser capaces de decirnos las cosas a la cara. 
Pero lo más importante, simplemente disfrutar, disfrutar el ahora, disfrutar la grandeza de gozar de la otra persona, disfrutar la compañía... Por ahora, sin pensar en nada más... 


Es así como yo me lo imagino, es acaso mucho pedir?